Hace tiempo encontré en Karagarga un artículo sobre John Wayne: The Man on Horseback: The Seven Faces of John Wayne, de Andrew Sinclair. Lo posteé en FDL y allí davout publicó una traducción al español. Creo que merece la pena traerlo al Recuncho también:

Y la traducción de davout:

El hombre a caballo:
Las siete caras de John Wayne.
El hombre a caballo solía ser un general. En tiempos difíciles, cabalgaría como el duque de Wellington o Andrew Jackson y bajaría de su caballo en la Casa de los Lores o en la Casa Blanca. Su presencia convertiría las dificultades en algo fácil. Él inspiraría confianza en las masas. En su aura reside nuestra seguridad.
Ahora que la mayoría de las democracias occidentales prefieren economistas a militares, e incluso en América Latina el general llega hasta el palacio en un tanque, el hombre a caballo es un actor. Su papel en la pantalla hace que nuestros problemas parezcan simples por un momento. Sus decisiones resuelven nuestras dudas. Normalmente fijado en el tiempo, revive nuestros olvidados deseos por los héroes y las decisiones correctas. Y mientras su imagen permanece delante y detrás de nuestros ojos, es nuestro héroe de fantasía.
Durante los pasados cuarenta años, John Wayne ha sido el más completo hombre a caballo. Su buena fortuna, y la nuestra fue heredar e incorporar el mito del perfecto gentil caballero andante con un seis tiros en lugar de una espada. Aunque pueda parecer un largo camino de Camelot a Cheyene y desde la mesa redonda a una diligencia, el cowboy fue visto en términos de caballero andante. Como lo describió Walter Prescott Webb, el historiador de las grandes praderas:
"Vive a caballo como los beduinos, lucha a caballo como hacían los caballeros andantes, iba armado con una nueva y extraña arma que usa ambidiestramente y con precisión, jura como un soldado, bebe como un pez, lleva ropa como un actor y lucha como un diablo. Es amable con las mujeres, reservado a los extraños, generoso hacia los amigos y brutal hacia sus enemigos. Es un cowboy, un típico vaquero.
Esta fue la primera cara de John wayne. Una vez John Ford había visto en las inmaduras facciones de un joven actor algo de la áspera gracia de Ringo Kid en "La diligencia" estuvo preparado para moldear y modelar una interpretación del inexpresivo Marion Michael "Duke" Morrison, de 32 años y distinguido solamente por su tenaz profesionalismo. En ese altamente simbólico y trabajado film, Wayne interpreta a un cowboy-caballero en armas es su historia de amor con la prostituta de pelo y corazón dorados Dallas, más una princesa por su comportamiento que las damas que van en la diligencia con ella.Ford usó la facilidad de movimiento natural en Wayne y el aire de tímida vulnerabilidad para sugerir el arquetipo del vaquero introvertido, retraído con las mujeres y solo a gusto en acción con hombres, mejor que el sistema y la gente que lo malinterpreta. "Bien" le dice a Dallas cuando son apartados del resto en la cena en Dry Fork, "apuesto, a que no puedes escapar de prisión y entrar en sociedad en la misma semana".
En esta película rompe con su cara impasible en sus primera interpretaciones -incluso Raoul Walsh falló en sacarle de su poca expresividad en "La Gran Jornada" de 1930 - e incluso actúa con habilidad en la última escena al final en Lordsburg. Como escribió Walker Percy en su novela "The Moviegoer", otra gente atesora momentos, como subir el Partenon al amanecer o encontrar una chica una noche de verano en Central Park, pero su más memorable momento fue cuando John Wayne mata a tres hombres con una carabina mientras se tiraba al suelo en una calle polvorienta en la diligencia.
Lo que Wayne aportó a Ringo Kid fue el violento cambio de paso y el lento quemado de energía atrapada en un fuera de la ley, atrapado entre los códigos de la sociedad y su reacción animal al peligro. Al contrario que los Apaches de Ford que parecen crecer como diablos de polvo en Monument Valley y simbolizan las fuerzas salvajes de la naturaleza, Wayne muestra las suaves maneras que estorban la velocidad de movimiento del hombre blanco y la delicadeza del verdadero sentimiento. Cuando finalmente el sheriff le libera a él y a Dallas tras la venganza de Ringo, el sentimiento viene de "Huckelberry Finn". Ringo y Dallas deben de ser liberados de las dudosas "bendiciones de la civilización". Deben vivir en una frontera donde puedan actuar más cerca de la naturaleza y de sus propias naturalezas.
En esa estrecha línea entre la opresión del comportamiento social y el instinto de supervivencia en un punto peligroso, Wayne camina con delicadeza. Como un centauro, siempre parece la parte de arriba del caballo que monta. Pero en sus botas, a pie, siempre parece inseguro del terreno que pisa. "Camina como un hada (?)" William Wellman dijo una vez de él. "Es el único hombre en el mundo que puede hacerlo". Es el andar del solitario permanentemente en riesgo fuera de la silla, esperando por la próxima amenaza de gente como él, parando y vacilando hasta que puede sentir el peligro y liberándonos de nuestros miedos secretos con el terrible poder de su carabina o de su puño.
Hay un diablo en el disfrute de la acción violenta. Cuando la muerte parece la gloria, entonces puede convertirse en una filosofía. Sólo en una guerra justa puede justificarse el matar otros hombres como un deber necesario. Pero si esa muerte es ejecutada con una ferocidad y un estilo de una bestia desatada, entonces hay una horrible ambigüedad entre el placer de matar y la justicia de nuestra causa.
La segunda cara de Wayne era la de un héroe de guerra en una causa justa contra el imperialismo fascista. Él no luchó en la segunda guerra mundial por razones nunca explicadas totalmente. Había tenido un accidente de fútbol (americano), un oído perforado y un hombro defectuoso. También tenía una mujer latino-americana, cuatro hijos y técnicamente estaba por encima de la edad. Sus esfuerzos por alistarse fueron rehusados incluso por el capitán John Ford, quien reclutó su Rama del Servicio Fotográfico en Hollywood. Así, incapaz de ser un soldado, Wayne interpretó el papel de uno.
Esto empezó la fractura en su vida entre sus papeles y las realidades. Mientras Henry Fonda y James Stewart y otras estrellas de Ford estaban en servicio activo, John Wayne actuaba en películas de propaganda que ayudaban a mantener la moral de la población. En "Tigres Voladores" o "Batallón de constructores", Wayne cambió la silla por una cabina de avión, haciendo de cowboy aéreo, surcando las nubes como la llanura y usando ametralladoras en lugar de carabina. Pero nunca pudo recurrir a sus propios hechos como hizo Ford cuando personalmente filmó el ataque japonés a Midway y grabó el izado de bandera bajo el fuego, como si la guerra fuese un set de rodaje después de todo.
Este papel como héroe de guerra que nunca había ido a la guerra cambió a Wayne como hombre, particularmente después de rodar "La Patrulla del Coronel Jackson" y "No eran imprescindibles", ambas de 1945. La primera trataba sobre la resistencia filipina y fue dirigida por Edward Dymitryk, que más tarde fue tachado de comunista, se acogió a la quinta enmienda, fue a la cárcel y acabó como testigo en el Comité de Actividades Antiamericanas. Quizás como compensación por no haber servido durante la guerra, Wayne estaba descubriendo su superpatriotismo, y el comportamiento de Dmytryk en el set derivó en una confrontación.Hasta ese tiempo, como su mentor Ford, Wayne había votado por Roosvelt y se consideraba a sí mismo como demócrata en los años 30. Fue mientras servía en el comité ejecutivo del Gremio de Actores de Cine que empezó a sentir que había una conspiración en Hollywood, que Dmytryk y sus amigos parecían probar cantando la internacional y haciendo chistes blasfemos al coronel, veterano de guerra, que era el consejero militar en "La Patrulla del Coronel Jackson".
"Se excedieron con él", dijo Wayne más tarde. Wayne fue hasta Dmytryk y le preguntó si era un comunista. Y así surgió un Wayne supersensitivo a ofensas sobre "nuestro presidente, nuestra bandera, Dios o el patriotismo". Estaba maduro para el sector más conservador como su amigo Ward Bond, Cecil B. DeMille o Adolphe Menjou. Se convirtió en una figura destacada del grupo anticomunista que destruyó a sus compañeros, en los días de McCarthy y los arrojó de Hollywood. Hasta el final de su vida, Wayne permaneció sin arrepentirse de su actitud. "No hubo listas negras, lo único que nuestro bando hizo fue sacar a un montón de gente fuera del negocio" dijo.
Estaba actuando como un cowboy, como un héroe de guerra, arrojando a un montón de gente fuera de su tierra, fuera de la vida, fuera de los negocios. Para él no era más que eso, en unos términos sencillos, como en el cine, lo que no podía aplicarse al complejo mundo de la posguerra y la Guerra Fría. El sentimiento de culpa por no haber ido a al guerra se convirtió en una posición política de "macho" que era su insignia en su uniforme diario. Este sentimiento de culpa se incrementó cuando trabajó con el multicondecorado de lanchas rápidas Capitán Robert Montgomery en "No eran imprescindibles", Ford, definitiva visión sobre la guerra basada en los hechos verídicos protagonizados por el Capitán John Bulkeley en la retirada de Filipinas. El hecho de que Montgomery, Ford y el mutilado de guerra "Spig" Wead habían vuelto del frente para hacer la película fue intolerable para Wayne, que se derrumbó en lágrimas delante de ellos porque era el único que no llevaba uniforme. El hecho adicional de que el tema de la película era la traición de Pearl Harbor hizo a Wayne sospechar más sobre una conspiración para debilitar América.
La interpretación de Wayne en la versión final de la película mostró el crecimiento de su madurez como actor, en contraste de la inmadurez como destacada figura en política. Su papel como el teniente Ryan es un modelo de obediencia ciega y compasión controlada dentro de la camaradería que es el sostén de los hombres en guerra. En su notable libro "Los guerreros", J. Glenn Gray describió el placer del hombre en la guerra en el espectáculo, en la energía del peligro, en el placer de observar la destrucción y en las virtudes del autosacrificio por el grupo. Ford dirigió y Wayne interpretó todos estos temas guerreros en "No eran imprescindibles" que es simplemente la mejor película americana sobre la Segunda Guerra Mundial.
El tercer y más perdurable rostro de John Wayne fue creado por Ford en los años de posguerra. Fue el papel de un auténtico profesional, fiel a su código y silencioso sobre sus conflictos interiores. En el primer film de Ford sobre la caballería "Fort Apache" Wayne interpreta al veterano y endurecido lugarteniente del cabeza loca y testarudo Teniente Coronel Thursday, (Henry Fonda). En esta recreación encubierta del desastre de Little Big Horn contra los sioux, Ford estaba inconscientemente hiriendo a Wayne por su énfasis en las diferencias entre los hechos históricos y la leyenda. El papel de Wayne como el capitán Kirby York le convirtió en la película en el soldado profesional y veterano, siempre de servicio, mientras Fonda era el buscador de gloria, que vuelve de misiones ceremoniales y ¡maldición! si no se iba a hacer un nombre. De hecho en cuando comenzó la lucha, ocurrió de otra manera. Pero es Wayne, uno de los pocos supervivientes de la masacre, quien acepta la leyenda del heroísmo de Fonda porque era bueno para la moral y convierte a los nuevos reclutas en mejores soldados, a quien él debe conducir a la victoria como un profesional en el tercer film de la trilogía "Rio Grande".S. E. Finner, que escribió el libro definitivo sobre el papel de los militares en política, "El Espadón a caballo", una vez definió la manera en que un soldado se convierte en un profesional. El recluta es instruido en la historia, tradiciones y leyendas de su regimiento. Es apartado del mundo en un campamento y lleva el mismo uniforme que sus camaradas. Es un nómada sistemático, moviéndose de un lugar a otro. Tiene un código moral y de comportamiento distinto de los civiles, e incluso tiene que pedir permiso para casarse. Así se convierte en un mundo cerrado, autosuficiente. Su desprecio es por los que están fuera del regimiento, los civiles, los burgueses, los políticos. Su respeto es a menudo por su enemigo, si lucha bien.
En su nuevo papel como soldado de caballería y en su lucha política contra los comunistas, Wayne es la esencia del espadón y del soldado de Finer. Se transformó del cowboy individualista y anárquico desafiante frente a la autoridad en el profesional obediente y defensor de la autoridad. Interpretó el papel del maduro y duro hombre hecho a sí mismo, en el ranchero de "Río Rojo" de Howard Hawks, que Ford le ofreció el papel del veterano capitán Nathan Brittles, luchando una última campaña tras la masacre de Little Big Horn. Wayne interpretó el papel de perro viejo, inteligente y pacífico capitán incluso mejor (que en "Río Rojo")y Ford le regaló un pastel con una sóla vela para celebrar que se había convertido en un actor maduro en ese último año. No volvería a decir lo que le había dicho a Jean Renoir a su llegada a Hollywood "Los actores son una mierda".
Brittles no es un cabeza loca como el Wayne de "Batallón de constructores". Está decidido a no luchar contra un enemigo superior. Como le dice a su anciano amigo indio "Somos demasiado viejos para la guerra. Pero los viejos deben parar las guerras". Y consigue evitar la guerra con un truco, espantando los caballos de los jóvenes indios, su astuto truco siendo superior al loco arrojo del Coronel Thursday.
Así, Wayne mostró a través de la dirección de Ford su madurez como actor, algo de lo cual afectó a su madurez como persona. Había aprendido, sobre todo, a proyectar esa cualidad que distinguía sus actuaciones, una sinceridad casi dolorosa en su naturalidad. Por supuesto Ford echó una mano en esto cuando le hizo repetir una de sus escenas favoritas, la de un hombre lleno de dudas hablando a una lápida de la tumba de su mujer muerta. "Duke" le dijo, "vas a tener un montón de escenas durante tu vida. Algunas te parecerán estúpidas. Interprétalas. Apúralas hasta el fondo. Si es East Lynne, hazlo. Lo harás bien, pero si intentas hacerlo con la lengua en tu mejilla y hacerlo bonito, adornarlo, perderás de vista quien eres".
Y así es como Wayne actuó en sus películas de inferior calidad con peores directores en sus días de elección de malos papeles en los 50. A través de su estilo y aparente sinceridad, intentará imponerse a una mala película, aunque el coste a su reputación fue grande. Su cuarta cara es de hecho la más honesta y la más equivocada, porque el hombre a caballo raramente abre la boca y nunca deja la silla. Cuando Wayne sale de sus diatribas patrióticas y políticas, la puerilidad de sus puntos de vista, transformaba su sinceridad en algo profundo.
En la que probablemente sea su peor película "Big Jim McLain" de 1952, usó su propia compañía para retratar sus paranoias. La trama es simplista, tratando de un grupo comunista en las Islas Hawaii y Wayne se sumerge en una caza de brujas, mostrando las ruinas de los navíos de la flota americana en Pearl Harbor y sugiriendo que esa es la prueba para estar siempre alerta contra la subversión interna, el enemigo interior.Esta triste e inepta pieza de propaganda nunca debería haber sido realizada por Wayne. Si tenía que mostrar su apoyo a las virtudes castrenses lo hizo mejor bajo su segunda cara, la de héroe de guerra. En "Arenas Sangrientas", Wayne interpretó a un duro e inflexible Sargento Stryker, que convierte a los reclutas en asesinos y los dirige en una carga colina arriba contra los japoneses, sólo para morir mientras la bandera es izada en la cima del Monte Suribachi bajo las notas triunfantes del himno de marines. Ningún niño americano pudo evitar vitorear y soltar una lágrima ante tan conmovedora imagen, y el enemigo seguía siendo "malo", los villanos de la Segunda Guerra Mundial.
La película fue la inspiración para muchos jóvenes americanos que sirvieron en Vietnam. Sólo que el enemigo era diferente, todavía pequeñajo y amarillo, pero quizás luchando por una causa justa contra un invasor extranjero. Wayne no pensaba así. En su papel del guerrero-político sugirió un film sobre "Los Boinas Verdes" al presidente Lyndon Johnson, que aprobó la idea hasta que el guión demostró ser demasiado chirriante y sangriento para incluso tan belicosa administración.
Wayne siguió adelante de todos modos, haciendo morder el polvo a los viets más rápido incluso que a los indios de sus primeras películas de serie B. Ignoró el hecho de que los jóvenes de América rechazaban esa guerra. Él estaba aplicando los valores del Far West y de una guerra justa a una intervención que muchos tachaban de injusta. Cuando la película se estrenó en 1968 en el momento álgido de la protesta contra la guerra, disgustó al sector liberal que Wayne despreciaba, pero también hizo más dinero en taquilla que cualquier película suya hasta la fecha.
Wayne probó que había una audiencia en el corazón de América para el agresivo y ultramericano hombre de acción, que mataría a cualquiera que se opusiera a su bandera. Fue un modo brutal de resolver sus dudas. Había empezado a hacer muchas de sus películas a través de su propia productora, aunque casi se arruinó con la mayor de sus producciones "El Álamo" en la que interpretó a Davy Crockett con gorro de mapache y todo. Fue una extravagancia costosa en la que mostró una cara costosa, una simpatía por los mejicanos y por su causa.
En su vida privada se casó con tres mujeres hispanoamericanas, y tuvo muchos hijos y nietos. A pesar de su aparente militancia a favor del mito de la superioridad y dominio de los anglosajones, tenía la Fantasía de la Frontera acerca de las mujeres del sur. Para él tenían el encanto de algo prohibido, de algo más dulce, de alguna manera, con el encanto de algo más animal en su pasión. Esa pasión se refleja de alguna manera en la escena en que por fin "comprende", la escena de su gran compasión, cuando el racista Ethan Edwards coge a la "corrompida" Natalie Wood en sus brazos en "Centauros del Desierto". Wayne era un hombre de pasiones ocultas y erotismo, que una vez más Ford supo revelar en él.
Porque en la película más humorística e irlandesa, "El hombre tranquilo" de 1952, el maestro supo sacar la quinta cara de Wayne, el hombre violento que aprecia su propia imagen, sin refinar, sonriendo mientras pega. Es también el papel más erótico de Wayne, con Maureen O'Hara (cuya belleza parece reflejar el dicho de que desde el naufragio de la Armada Invencible, se ha dicho que los irlandeses tienen sangre española). Barry Fitzgeral acertó cuando comentó de la cama de matrimonio rota "Homérica". Es homérico el humor en esta película sobre una villa que nunca existió, que nunca fue como se refleja. Todo es mayor que la realidad y del material del que se hacen las leyendas.
Howard Hawks, todavía trabajando con el envejecido Wayne encontró que estaba perdiendo su facilidad de movimiento, su estilo peculiar. Ya no era como un gran gato, sino un hombre pesado, que se sentaba como un saco en su caballo. Pero mientras Wayne perdía su gracilidad de movimiento adquirió distancia de sus papeles. se relajó en su desgaste hasta que pudo dar rienda suelta a su faceta más cómica, en su papel más humorístico, Rooster Cogburn en "Valor de Ley" y ganar su único Oscar por un trabajo sólido e irónico, como un hombre con un parche sobre un ojo, bamboleándose en su caballo como un Coloso algo torcido a causa de la sociedad. Como dijo Aristóteles, hay hombres tan peculiares y superiores que deberían vivir aparte como dioses o como bestias salvajes."El hombre que mató a Liberty Valance" empieza con Wayne ya en su sarcófago. El film nos revela su relación con James Stewart, que le quitó su mujer y cuya reputación descansa en el asesinato a sangre fría de un pistolero por obra de Wayne. En su furioso violento discurso final a Stewart, Wayne le grita que él (Doniphan) asumirá la responsabilidad por el asesinato. Es un solitario de la frontera, donde la acción suple el lugar de las dudas morales. El morirá sólo, mientras Stewart se casará, prosperará y hará florecer un territorio anteriormente sin ley. Su tiempo ha acabado y ha llegado el de Stewart. La película es un epitafio y un requiem por el fin de los grandes días del oeste y por aquellos que murieron en el pasado.
Ambas obras maestras despiertan emociones añadidas porque Ford y Wayne lucharon contra el cáncer en los últimos años de sus vidas. La lucha de Ford fue heroica y silenciosa como la campaña de Nathan Brittles, pero la de Wayne tenía que ser pública. A menudo hablaba de "vencer al gran C (cancer)" hasta que al final le devoró. Fue magnífico en su final, su última y séptima cara fue la más noble, mostrando con agallas su valor, disimulando su sufrimiento. Incluso su último trabajo anunciando una empresa de préstamos y ahorros mostró su total autoridad. Uno podía creer que su dinero estaba seguro si el viejo hombre a caballo lo decía. Era imposible que un hombre tan bravo estuviera equivocado. Parecía saberlo todo y soportarlo todo. Así debía ser.De las siete caras de John Wayne, cinco durarán tanto como su imagen salga por nuestras pantallas. Siempre será a nuestros ojos el fuera de la ley rebelde , el justo héroe de guerra, el soldado profesional, el astuto y robusto hombre violento, y la mítica figura valiente, perdurable hasta el final. Una cara desaparecerá en las cazas de brujas del ayer, que en unos años parecerán tan irreales como las de Salem. Y la última, la cara privada del hombre que aprendió coraje y algo de gracia en su forma de hablar tomándolo de sus muchos buenos papeles. Siempre recordaré el honor y la dignidad de su último discurso político, durante la toma de posesión de Carter cuando elogió la ocasión y se declaró a sí mismo como un miembro de la "leal oposición".
La imagen perdura, los políticos se van. Wayne tenía una juvenil gracia en su manera de moverse, una madurez que le dio autoridad, y la mítica de un hombre viejo con muchas cualidades que transcenderán sus creencias reaccionarias, aunque no renegará de ellas. La imagen es mayor que el hombre, y eso es el misterio de una verdadera estrella. Su buena suerte fue tener a Ford para enseñarle como dibujar los mensajes de los papeles que interpretaba. Si Ford no fue su Pigmalión, fue su ejemplo, hasta que al fin Wayne pudo igualar fuera de la pantalla la fuerza de su maestro.
Ford no vivió suficiente para ver los valores que defendía ser populares otra vez. Wayne sí, y así surgió un movimiento para nombrar en su honor el aeropuerto de Los Ángeles. La invasión vietnamita de Camboya y el crecimiento del poder militar ruso volvió a poner de moda el patriotismo y el liberalismo como algo apaciguador y anticuado por ello. El olvido de los horrores de la intervención en Vietnam y los sufrimientos de la gente común hizo que la integridad reaccionaria de Wayne volviera a ser atractiva como respuesta a un liderazgo débil y a tiempos cambiantes.
"El cazador", de Michael Cimino es, después de todo un cruce entre "Centauros del Desierto" y "Los Boinas Verdes", tan profunda como la primera, tan extrema como la segunda. Confirma la imagen de Wayne que ahora crece, el hombre a caballo cuyas embotadas pequeñas verdades y acciones aparecen resolverlo todo, salvarlos a todos. Es un héroe peligroso para tiempos peligrosos, uno labrado en piedra, menos real incluso que otros. Sin embargo a veces parece todo lo que tenemos.

No se qué opinareis del artículo. La idea que a mí me transmite es que fuera de la pantalla el Duke era una persona más, con sus defectos y sus virtudes. Acostumbrado a verlo siempre como un héroe, pensar en sus flaquezas lo redimen un poco del Wayne reaccionario, chivato, y tantas otras cosas que uno detesta.
¡Muchas gracias davout!











0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada