Bataan es una península de la isla de Luzon en el norte de las Filipinas, que se convirtió en baluarte de las tropas filipino-estadounidense tras la invasión de los japoneses en 1942, al inicio de la Guerra del Pacífico.
Los americanos pretendían plantar una dura resistencia que mermase las fuerzas japonesas mientras se intentaban recomponer del ataque a Pearl Harbour. Bataan caería finalmente y los japoneses obligarían a los prisioneros a realizar una interminable marcha de 100 Km hasta coger un tren para ser trasladados hasta el Campo O'Donnel. El cansancio, la falta de agua y alimentos, y el desprecio japonés a los que se rendían que según su propio código sólo merecían morir, hizo que la travesía se bautizase como "La Marcha de la Muerte".
La resistencia continuó algo más en la isla de Corregidor que también acabaría cayendo. Poco antes, cuando ya se veía que todo estaba perdido, MacArthur, el general al mando, recibió órdenes de huir hacia Australia. "Salí de Baatan, y volveré", diría ya en suelo australiano. La Patrulla del Coronel Jackson abarca justo este periodo, desde la caída de Bataan hasta el desembarco de MacArthur en Leyte.

Mientras tanto, Hollywood apoyaba desde casa el aparato propagandístico americano con películas que exaltaban el heroísmo de sus tropas y subrayaban la maldad de sus enemigos. Pero como los negocios son los negocios, tampoco se debía dejar escapar la oportunidad de recaudar en taquilla lo más posible. En octubre del 44 MacArthur cumplía su palabra regresando a Filipinas y echaba a los japoneses, lo que se consideró el primer paso para la conquista de Japón.
Robert Fellows, que trabajaba para la RKO, no dejó escapar la oportunidad y se decidió a producir una película sobre la contienda con la idea de estrenarla poco después de haberse producido tales acontecimientos. Rápidamente encargó a
Ben Barzman un guión que debía tener listo en 5 semanas y contrató a
Edward Dmytryk para que dirigiera en 10 semanas la película. Dada su amistad con el productor,
John Wayne se unió al proyecto como protagonista.

A sus 37 años, Wayne no pasaba por sus mejores momentos. Por un lado acababa de separarse definitivamente de Josephine, su primera mujer, y por otro era incapaz de postergar su carrera cinematográfica para incorporarse a filas, temía que si lo hacía perdería el status alcanzado. Y lo pasó mal durante el rodaje. Si bien no se había significado políticamente hasta el momento, sus ideas se habían trasladado desde un socialismo en su época universitaria hacia una posición conservadora alejada del comunismo de Barzman y Dmytryk. No hubo feeling desde el primer momento y la situación fue empeorando poco a poco. El guión tenía que ser reescrito prácticamente cada noche dado el escaso plazo inicial, y el tandem director-guionista aprovechó la situación para plantear escenas cada vez más peligrosas e incómodas para Duke, intentando que por fin pidiese algún doble y perdiese la soterrada batalla que se traían entre manos. Para colmo, lo que menos gracia le hizo fue enterarse de la mofa que se traían con el Coronel George S. Clark, asesor militar para la película, riéndose de sus ideas religiosas y cantándole la Internacional cuando él no estaba presente. Todo ello sirvió de detonante para que se decantara políticamente en contra del comunismo y de todo aquello que intentase menoscabar el estilo de vida americano, y al contrario que hasta entonces, públicamente.

La historia cuenta con lo necesario para enganchar desde el principio. Los japoneses le están zurrando la badana a las tropas conjuntas de filipinos y americanos bajo el mando del Coronel Madden (Jackson, supongo, para los que prefieren la versión en español). Como la cosa se pone fea, Madden es destinado a una misión de sabotaje que no llega a cumplir ya que los japoneses rápidamente se hacen con el control de la isla. Tomará la decisión de quedarse en vez de reunirse con MacArthur en Australia, para organizar la resistencia junto a un puñado de filipinos. Mediante acciones típicas de la guerrilla plantarán cara al invasor esperando el regreso de sus aliados.
Es imposible que no nos rechinen ciertas cosas: la crueldad exagerada, casi de caricatura, de los japoneses o el sacrificio efectista, gratuito y poco creíble de algún personaje. Pero aun así pasados más de 60 años la película entretiene con toda la acción que desarrolla y el tono documental de ciertos pasajes.
Wayne perfecto en su papel de militar que tanto toma decisiones que no le gustan como arropa y aconseja a los que tiene bajo su mando cuando lo necesitan. Peor está Anthony Quinn, aparte del esfuerzo que hay que hacer para verlo como filipino en contraste con el resto de actores que sí lo son, su interpretación no está a la altura de la complejidad emocional de su personaje.
Pero vaya, sin aproximarse a la excelencia de otras como
No eran Imprescindibles (obra maestra para mi gusto), es la mejor de las típicas de guerra que había protagonizado hasta la fecha. Buena película que se deja ver perfectamente sobre todo para los que disfrutamos del cine bélico.
TCM TrailerFICHA TÉCNICA:Título Original: Back to Bataan
Año: 1945
Director: Edward DmytrykPaís: USA
Género: Bélica
Duración: 95 minutos
Productor: Robert Fellows,
Theron WarthGuión: Ben Barzman,
Richard H. Landau,
Æneas MacKenzie (argumento),
William Gordon (argumento)
Fotografía: Nicholas Musuraca Música: Roy WebbReparto: John Wayne,
Anthony Quinn,
Beulah Bondi,
Fely Franquelli,
Richard Loo,
Philip Ahn,
Alex Havier,
'Ducky' Louie,
Lawrence Tierney,
Leonard Strong,
Paul Fix,
Abner Biberman,
Vladimir Sokoloff